Narratofilia

Uno nunca deja de investigar y, aun así, algunas cosas se presentan cuando quieren. O como dice el aforismo oriental, el profesor aparece cuando el alumno está preparado.

Me pasé una tarde buscando las raíces de que nos guste leer historietas eróticas. Entre otras cosas, descubrí a los mamelucos, que menciono en la novelita del sofá cama. Me habría venido muy bien para ese relato haber conocido esta palabra, que he descubierto cuando era demasiado tarde.

Pues sí. Narratofilia. Esa es la palabra.

La narratofilia es una parafilia que se caracteriza por la excitación sexual o el placer derivado de contar historias eróticas a una pareja. Etimológicamente, proviene de la unión de las palabras «narrato-» (relativo a la narración) y «-filia» (amor o atracción). Se refiere a una atracción sexual hacia las historias o narraciones, particularmente las ficticias o imaginarias. No implica necesariamente la necesidad de ningún contacto físico con la fuente de la historia, la fascinación se da por la narrativa en sí misma. De esta aséptica definición, me llama la atención el hecho de que especifique que los actos de narración sexual se realizan a la pareja. Entiendo que es una práctica que no está dentro de lo que se considera una sexualidad estándar normativa, por decirlo así, por eso se considera parafilia, pero sí es lo suficientemente íntima para que se practique con la pareja, según la definición.

En términos más simples, las personas afines a la narratofilia encontramos estimulante la experiencia de narrar o escuchar historias de contenido sexual como parte de la actividad sexual. Se considera una forma de fetichismo, donde el objeto de deseo no es algo físico, sino la actividad de la narración. Tanto de narrar como de escuchar, como si hubiera un narratofílico activo y un narratofílico pasivo.

Además de parafilia, también se considera un fetiche. Entre los dos términos, elijo este segundo, mucho más bonito. Fetiche proviene del portugués «feitiço», que significa hechizo u objeto mágico. Es lógico: ¿quién no se siente, en cierta medida, hechizado ante sus fetiches particulares? ¿Quién no se ha sentido embrujado ante la visión de unas manos grandes, un pecho velludo, amplio, o unas nalgas redondas y firmes? Porque un fetiche puede ser casi cualquier cosa (ropa, como zapatos o lencería; partes del cuerpo, como los pies; o materiales como el cuero o el látex).

Buscando la diferencia entre fetiche y parafilia, he encontrado esta: Un fetiche es una parte de la sexualidad humana que se considera normal siempre y cuando no cause problemas. Una parafilia es una conducta sexual atípica que puede causar problemas para la persona o para otros, como el voyeurismo, el sadismo, el masoquismo, etc. Entiendo que la diferencia, muy fina, está en que una se considere normal, quizá por ser más frecuente, que la otra, que es la atipica. Porque si no es consensuado, ambas son causa de problemas. A priori, el fetichismo está considerado una práctica más inofensiva. Y tenemos que recordar que la diversidad sexual es amplia y que no todas las prácticas inusuales son necesariamente perjudiciales.

Aprovecho para puntualizar, como es de sentido común, que si algo de esto que te cuento ocasiona algún tipo de problema, como dificultades en las relaciones o malestar emocional, se considera un trastorno (que ya es otra movida) y en ese caso lo conveniente es buscar la ayuda de los profesionales.

Volviendo a la narratofilia, no parece que haya muchos estudios o investigaciones que sugieran que sea más común en ciertos países o regiones. Sería un fenómeno global no limitado a un país o región específica, que podría manifestarse en cualquier contexto o sociedad con acceso a la narración y la fantasía. O sea, en la casa de cualquier hijo de vecino.

Internet y otros medios de comunicación permiten que las personas accedan a información y contenido erótico en todo el mundo, lo que facilita la narratofilia en cualquier lugar donde exista acceso a la web y a medios especializados, como podrían ser los pódcasts. Tampoco hay datos o evidencias de que sea más común en unas culturas que en otras, aunque mi sensación personal es que en países orientales, como Japón, donde existe una gran tradición de mangas eróticos, con múltiples subgéneros, sí pueden serlo.

También me he encontrado con que es muy difícil estudiar la narratofilia (y algunas otras filias menos comunes, en general), ya que no está reconocida oficialmente como parafilia en los principales sistemas de clasificación como el DSM-5 (la guía que ayuda a diagnosticar los trastornos de salud mental). Y así, si parece minoritaria, ¿a quién le va a interesar estudiarla? Parece que no ha sido objeto de estudios, y te voy a decir una cosa: que no lo hagan. Que nos dejen leer en paz lo que nos apetezca, igual que vemos las series o las películas que nos apetecen.

Se dice que el ser humano es homo narrans, homo ludens y homo fictus, o sea: cuenta historias, juega y es capaz de crear sus propias ficciones, tan realistas que acaba viviendo en ellas (¿qué hay más ficticio que la sociedad en la que vivimos?). Los tres adjetivos nos enfocan hacia el cerebro, el órgano que acoge nuestra mente creadora. ¿Y qué necesitamos para una buena historia erótica, que nos saque el lado narratofílico? En mi opinión, narrar una historia que conecte con el lector, que éste se deje llevar y entre en nuestro mundo, en el que las reglas son otras y, a menudo, algo difusas. Por eso son ficciones. La dificultad está en poner estos elementos en la medida justa, como en una receta de cocina, que no siempre se consigue.

Si te pones casi cualquier cosa podría estar dentro del concepto de parafilia. Una prima de narratofilia podría ser la coprolalia, que es la preferencia por las palabras y conversaciones sensuales y excitantes. También hay quienes muestran una intensa excitación sexual ante la visión o el tacto de muñecos de peluche. El sentido del tacto es especialmente importante en este tipo de parafilia sexual, que tiene el complejo nombre de ursusagalamatofilia. Otra en la que el tacto también es importante es la amiquesis, que consiste en llegar al clímax arañando a tu pareja (en el Kamasutra cuentan las intensas sensaciones que provocan las uñas sobre la piel). Y luego, en nuestros tiempos modernos, ha surgido la llamada digisexualidad, practicada por personas cuyo apetito sexual se ve satisfecho únicamente mediante la tecnología. De hecho, ya existen robots específicamente sexuales, algunos de ellos capaces de realizar hasta 50 posiciones automáticas.

En conclusión, mi estimadísimo lector, la narratofilia debe ser inofensiva y formar parte, si así te lo pide el cuerpo, de una vida sexual saludable que no cause daño ni malestar ni a ti ni a tu compinche. Aceptarla como lo que es, un juego, permite a las personas explorar su sexualidad. Recuerda que las fantasías son beneficiosas y que no están para ser cumplidas. Negarlas puede convertirlas en una obsesión, y si llegan a ese punto, no dudes en pedir ayuda profesional.

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